La Revelación de Jesús y Los Dos Testigos.
“ Y haré que mis dos testigos profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. Estos son [simbolizados por] los dos olivos y los dos candelabros, y están de pie delante del Señor de la tierra”.
El regreso de Cristo Jesús será el acontecimiento más grande y especial de todos los tiempos. La revelación del Señor Cristo Jesús pondrá en marcha una serie de acontecimientos que cambiarán para siempre los asuntos de la humanidad. Pero, ¿Qué es exactamente la revelación de Cristo Jesús?
Tal y como la palabra lo indica, una revelación es un descubrimiento de algo; en este caso el redescubrimiento de Jesús. El verbo revelar es sinónimo de manifestar algo que previamente era o estaba secreto o escondido. Por lo tanto, la revelación de Cristo Jesús es la manifestación de Él mismo a sus escogidos. Una vez que Cristo Jesús se revela a sus elegidos ellos se convierten, no solo en testigos de su manifestación sino también en copartícipes de su gloria; tal y como el apóstol Juan lo expresó en su primera carta: “Amados, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sí sabemos que cuando Él sea manifestado seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como él es”.
La Parousia; la manifestación de Cristo Jesús, así como la revalación del Señor es lo mismo, pues son términos que pueden aplicarse indistintamente. El apóstol Pablo utilizó estos términos cuando habalaba del mismo tema. Por ejemplo, en 1 Tesalonicenses 3:12-13 Pablo indicó que la Parousia es el fin de nuestra fe; es decir, la Parousia es el tiempo en que los Cristianos ungidos comparecen ante el Juez para ser juzgados: “Además, que el Señor los haga aumentar, sí, que los haga abundar, en amor unos para con otros y para con todos, así como nosotros también lo hacemos para con ustedes; a fin de que Él haga firmes sus corazones, inculpables en santidad delante de nuestro Dios y Padre al tiempo de la presencia de nuestro Señor Jesús con todos sus santos”.
En 1 de Corintios 1: 7-9 él se refiere nuevamente al fin de nuestra fe y al hecho de que seamos hallados aceptables y sin mancha alguna ante Dios, y conecta este acontecimiento a lo que él llama “La revelación de Nuestro Señor”, diciendo: “De modo que no se quedan atrás en ningún don, mientras aguardan con intenso anhelo la revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él también los hará firmes hasta el fin, para que no estén expuestos a ninguna acusación en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por quien fueron llamados a [tener] participación con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”.
En 1 de Timoteo el apóstol Pablo habla una vez más acerca de los Cristianos que comparecen ante Dios en un estado inmaculado, y él conecta este hecho a lo que él llama “La manifestación de Nuestro Señor”: “A vista de Dios, que conserva vivas todas las cosas, y de Cristo Jesús, que como testigo hizo la excelente declaración pública delante de Poncio Pilato, te doy órdenes de que observes el mandamiento de manera inmaculada e irreprensible hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Esta [manifestación] la mostrará a los propios tiempos señalados de ella el feliz y único Potentado, [él] el Rey de los que reinan y Señor de los que gobiernan como señores”.
No hay duda que los escritos apostólicos hablan claramente de la manifestación de Cristo Jesús ante sus escogidos antes de la muerte y resurrección de ellos. El apóstol Pedro también habló de ellos cuando escribió: “A fin de que la cualidad probada de su fe, de mucho más valor que el oro que perece a pesar de ser probado por fuego, sea hallada causa de alabanza y gloria y honra al tiempo de la revelación de Jesucristo. Aunque ustedes nunca lo vieron, lo aman. Aunque ahora no están mirándolo, sin embargo ejercen fe en Él y están regocijándose en gran manera con gozo inefable y glorificado, al recibir el fin de su fe, la salvación de sus almas”.
La expresión “.Aunque ahora no están mirándolo” obviamente implica que durante la revelación de Cristo Jesús los Cristianos ungidos podrán ver literalmente a Jesús de alguna manera. No obstante, la pregunta que nos ocupa en este momento es: ¿Verán los Cristianos a Jesús cuando ellos resuciten a la vida celestial, o verán los elegidos de Jesús al Señor de alguna forma mientras ellos aún permanecen en la carne?
La carta antes mencionada de Pablo continúa diciéndonos: “Esta [manifestación] la mostrará a los propios tiempos señalados de ella el feliz y único Potentado, [él] el Rey de los que reinan y Señor de los que gobiernan como señores, el único que tiene inmortalidad, que mora en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver. A Él sea honra y poderío eterno. Amén”.
El apóstol Pablo nos dice que Jesús se mostrará a sí mismo por medio de algo que Pablo llama “La manifestación”. Existen muchas palabras que pueden considerarse como sinónimos de la palabra manifestacíon, por ejemplo, apariencia o aparición; muestra; demostración; revelación, y materialización. Estos diferentes términos indican que la manifestación de Jesús se llevará a cabo en el ámbito terrenal, y no en los cielos como habiamos creído, pues es obvio que la gloria de Jesús ya ha sido manifestada ante los ángeles en las regiones celestiales. Además, ¿Por qué habría de manifestarse Jesús ante seres resucitados e inmortales en los cielos? La manifestación visible de Jesús solo tiene sentido si consideramos que esta manifestación sea terrenal y no espiritual.
Aunque la Escritura dice que Jesús “Mora en luz inaccesible, que ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”, nosotros no debemos suponer que esta regla también aplica a sus escogidos, o que ellos no puedan ver la manifestación del Señor con sus propios ojos. ¿Por qué decimos eso? Por el hecho que Pablo; un elegido del Señor, tuvo el privilegio de ver a Cristo Jesús en los cielos una vez que Él ya había resucitado. Esa es la razón por la cual Pablo se consideraba a sí mismo como un hombre que había nacido prematuramente a la vida celestial; es decir, Pablo vio de forma anticipada la forma como Jesús se manifestará al tiempo señalado.
La revelación de Cristo Jesús también servirá para dar valor legal ante los ojo del mundo al motivo de su manifestación, ya que habrá testigos oculares fidedignos que anunciarán su presencia. Desafortunadamente pocos Testigos de Jehová parecen darse cuenta que la enseñanza actual de la Sociedad Watchtower - la enseñanza que Cristo Jesús volvió en 1914- viola los principios más básicos de tal presencia, ya que ignora los preceptos elementales de la ley de Dios, ¿De qué forma? Según la Ley de Jehová, ningún asunto puede ser legalmente establecido a menos que existan dos o tres testigos oculares que den fe que los hechos en verdad son así. Eso es lo que nos dice la Ley de Moisés, y eso es también lo que nos dice la Ley del Cristo. Siendo ese el caso, podemos decir que la función de los enigmáticos “Dos testigos” que encontramos en el libro de Revelación es la de dar fe y confirmación que la presencia de Jesús ha comenzado.
Como hemos señalado anteriormente, Jehová mismo siguió esa regla al proveer numerosos testigos que daban fe de la resurrección y ascención de Jesús a los lugares celestiales en verdad había acontecido. Anteriormente a eso, Pedro, Santiago, y Juan también fueron testigos oculares de la gloriosa transfiguración de Jesús; transfiguración que el apóstol Pedro consideró como un anticipo de lo que sería “El poder y la presencia del Señor Cristo Jesús”.
Pero si la Parousia de Jesús comenzó en 1914, ¿Quién de entre nosotros ha sido testigo ocular de tal manifestación? La respuesta es muy obvia: ¡¡Ninguna persona del planeta tierra ha sido testigo de la presencia de Jesús!!
“El Secreto Sagrado Llega a su Fin”
En el libro de Revelación el apóstol Juan es transportado por medio del espíritu santo al Día del Señor; no solo para ver qué es lo que sucedería, sino también para ser partícipe de los hechos, y para ser testigo del cumplimiento de esta dramática visión. En el capítulo 10 del libro de Revelación el apóstol Juan vio a un poderoso ángel que descendia del cielo, y también vio cuando éste se paró entre la tierra y el mar. El ángel que Juan vio en esa visión no puede ser otro que el glorificado Cristo Jesús a la hora que desciende del cielo para reclamar a toda la tierra como su herencia para hacer que la tierra se sujete a Él; tal y como lo ordena Jehová. El apóstol Pablo explicó esto en el segundo capítulo de su carta a los Hebreos. El hecho que el ángel mencionado en la visión es Cristo Jesús se hace evidente por el simbolismo que utiliza la visión: Por ejemplo, en Revelación 10:1-3 leemos:
“Y vi a otro ángel fuerte que descendía del cielo, revestido de una nube, y había un arco iris sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego, y tenía en la mano un rollito abierto. Y puso su pie derecho sobre el mar, pero el izquierdo sobre la tierra, y clamó con voz fuerte como cuando ruge el león. Y cuando clamó, los siete truenos profirieron sus propias voces”.
La profecía de Daniel hace referencia a Jesús y lo llama el Hijo del Hombre, y nos dice que el Hijo del Hombre desciende de entre las nubes. Jesús aplicó esta profecía a Él mismo cuando compareció ante el Senadrin. Es bueno recordar que en su ascención a los cielos Jesús fue transportado por medio de las nubes. Por lo tanto, es apropiado que el simbolismo utilizado en la Biblia nos muestre a Jesús volviendo a la tierra descendiendo de entre las nubes. -Los ángeles que estuvieron presentes cuando esto sucedió informaron a los sorprendidos seguidores de Jesús que el Señor volvería a la tierra de la misma manera, al tiempo que ellos veían cuando Jesús ascendía al cielo. El decir que Jesús vuelve a la tierra de la misma forma como Él partió parece indicar que los seguidores ungídos de Jesús serán los únicos que podrán verlo uan vez que Él haya descendido del cielo.
En su visión el apóstol Juan nos dice que la cara del ángel era como el sol. No hay duda que los apóstoles inmediatamente reconocieron que el ángel que descendia era Jesús,, pues en la transfiguración que el mismo Juan habia visto 60 años antes se nos dice que el rostro de Jesús brillaba como el mismísimo sol; además no olvidemos que la visión nos dice que el ángel ruge como un león; algo que solo Jesús puede hacer, ya que Él es el león de la tribu de Judá. Una vez que el ángel ha plantado firmemente sus pies entre el mar y la tierra se nos dice que el ángel “Levantó su mano derecha al cielo, y juró por Aquel que vive para siempre jamás, que creó el cielo y las cosas [que hay] en él, y la tierra y las cosas [que hay] en ella, y el mar y las cosas [que hay] en él: “Ya no habrá más demora; sino que en los días de dar el toque el séptimo ángel, cuando esté a punto de tocar su trompeta, verdaderamente queda terminado el secreto sagrado de Dios, según las buenas nuevas que Él declaró a sus propios esclavos los profetas”.
El secreto sagrado de Dios es una alusión a lo que la Biblia llama la semilla o simiente de la mujer; mujer que representa a Cristo Jesús en compañía de los 144000 escogidos de Jehová.. Obviamente, el “Misterio de Dios” del que nos habla la Biblia no será terminado o revelado sino hasta que se hayan aprobado y sellado aquellos que son elegidos por Dios, y Cristo se manifieste en ellos; tal y como sucede entre el ángel y el apóstol Juan al tiempo en que sucede la visión. El hecho que el apóstol Juan haya participado en la visión por medio de haber visto cuando Jesús volvía a la tierra, al mismo tiempo que Jesús le hablaba y le entregaba en la mano un pequeño rollo donde se le ordenaba a Juan que profetizara nuevamente respecto a muchos pueblos, naciones, lenguas, y reyes, nos dice que durante la manifestación de Cristo Jesús el resto de los ungidos que aún permanecen en al tierra darán un segundo y último testimonio por toda la tierra acerca de su Señor y de la presencia de su Señor en toda su gloria.
Obviamente, el envejecido apóstol no fue comisionado literalmente para dar ese testimonio como un misionero por todo el Mediterráneo, pues como todos sabemos, él se encontraba bajo cadenas y en prisión el la Isla de Patmós. No, esas palabras no aplicaron a Juan, sino mas bien, él es un simbolismo que representa en la visión a los siervos ungidos de Dios que aún se encuentran vivos en la tierra al tiempo en que se hace visible la manifestación de Jesús y llega a su fin el secreto sagrado de Dios. El hecho que a Juan se le ordena profetizar nuevamente después que el poderoso ángel nos dice que el secreto sagrado de Dios ha llegado a su fin es muy significativo. Esto obviamente significa que habrá un testimonio final al mundo una vez que el llamado y sellamiento de los elegidos de Dios ha terminado.- Debe notarse que la llamada “Clase Juan” de la que con frecuencia habla la Organización Watchtower es un concepto válido, pues el apóstol Juan representa a los hijos del reino que aún están con vida en la tierra después que la resurrección ha comenzado.. Desaforunadamente la Sociedad Watchtower ha aplicado el término de la clase Juan a la generación de ungidos que se encontraban vivos en el año 1914.
En armonía con el hecho que los dos testigos hacen su aparición en la escena del mundo después que el sellamiento de los ungidos se ha logrado, el capítulo 11 del libro de Revelación concluye con una visión donde aparece una cortina que es develada en los cielos; en el santuario celestial de Dios donde aparece el Arca del Pacto. Obviamente, esta arca no es el Arca del Pacto que se encontraba dentro del Altísimo en el templo de Jerusalén; arca que alojaba las tablas originales que Jehová Dios dio a Moisés cuando a Moisés se le dieron los Diez Mandamientos, y que significaban la Ley del Pacto. No, el arca original desapareció después que los Babilonios saquearon y destruyeron el templo de Jehová. No hay duda que el Arca del Pacto mencionado en el libro de Revelación simboliza el Arca del Nuevo Pacto; pacto que solo incluye a Jehová y a aquellos que Él adopta como sus hijos espirituales. Es muy significativo el hecho que Juan ve el arca en su lugar apropiado en el cielo; en el santuario celestial, lo cual parece confirmar lo que Juan ya había escuchado previamente; es decir, que cuando esto por fin sucede el secreto sagrado de Dios ha llegado a su fin. Con la resurrección de los dos testigos a los cielos el nuevo pacto habrá cumplido con la primera parte de su propósito, pues eso significa que el reino está completo y el nuevo pacto ha llegado su exitosa conclusión. - Para una discusión más detallada por favor vea el comentario, “Revelación: El Séptimo Sello”-.
“Y haré que mis dos testigos profeticen vestidos de saco”.
Al igual que a Juan, a los dos testigos se les ordena que profeticen, lo cual significa que los dos testigos y la clase Juan son lo mismo. El hecho que a estos siervos de Dios se les llame “Mis dos testigos” significa que ellos habrán visto la manifestación visible de Jesús; tal y como Pedro, Juan, y Santiago fueron testigos oculares de la transfiguración del Hijo de Dios de la misma forma como Juan vio la revelación de Jesús, tal y como la narra el libro de Apocalipsis.
Los dos testigos del libro de Revelación son simbolizados por Moisés y Elías no solo porque Moisés y Elías aparecen en la visión de la transfiguración de Jesús, sino también porque ambos tuvieron experiencias personales con Jehová Dios mientras ellos aún estaban vivos. Es muy significativo el hecho que tanto Moisés como Elías tuvieron que huir al desierto, y fue en el desierto donde Jehová habló con ellos. Moisés habló con Jehová en el lugar donde se encontraba un arbusto ardiente, y también habló con Jehová en el Monte del Sinaí. -De hecho, en el Monte del Sinaí Moisés habló con lo que parecía la manifestación de un ángel-.
Por su parte el profeta Elías vivió en el desierto por el periodo de tres años y medio que duró la sequía que él mismo invocó; periodo en el que Jehová alimentó de manera milagrosa a Elías por medio de un cuervo que le llevaba carne y pan dos veces al día. Estos detalles nos permiten tener una idea de lo que harán los dos testigos mencionados en el libro de Revelación, los cuales profetizan por un periodo de 42 meses y tienen autoridad para cerrar los cielos para que no ocurra lluvia alguna durante el tiempo que dura su profetizar. Tampoco debemos olvidar la impresionante experiencia que Elías tuvo con Jehová mientras Elías se encontraba en una cueva del desierto,
Aparte de esto, Moisés y Elías tienen una experiencia más en común: ambos fueron tomados y llevados por Jehová. A Moisés se le,ordenó subir a la montaña de Nebo para que contemplara la Tierra Prometida; no obstante, él no bajo más de la montaña. Moisés fue castigado por haber actuado indebidamente ante Dios en una ocasión. El relato bíblico nos dice que él tenía 120 años de edad cuando murió; no obstante, ni su vista ni su vigor habían disminuido. En otras palabras, él no murió de edad avanzada, sino que Dios lo llevó con Él y nunca nadie encontró su cuerpo.
Elías también fue tomado por Jehová cuando el carruaje de Dios bajo del cielo y se llevó al profeta. Sí, la partida tan peculiar de Elías y de Moisés encierra un simbolismo, y no hay duda que ambos acontecimientos son representaciones de cosas que sucederán en el futuro.
Es en verdad interesante ver que después de su misteriosa desaparición Moisés y Elías aparecen juntos siglos más tardes en la transfiguración de Jesús. La partida simbólica de ellos, así como su inesperada reaparición en la transfiguración de Cristo y después como los dos testigos del libro de Revelación tiene como objeto mostrar la forma como Jehová se llevará a los santos con Él una vez que ellos hayan terminado su testimonio y hayan sido asesinados por la resucitada Bestia Salvaje.
La Revelación de los Hijos de Dios.
De acuerdo a los escritos del apóstol Pablo la revelación de Cristo Jesús es acompañada por otro suceso: La revelación de los hijos de Dios. Pablo lo explicó de la siguiente manera: “ Por consiguiente, estimo que los sufrimientos de la época presente no son de ninguna importancia en comparación con la gloria que va a ser revelada en nosotros. Porque la expectación anhelante de la creación aguarda la revelación de los hijos de Dios”.
No hay duda que Jesús y sus hermanos, los otros hijos de Dios, serán los seres más gloriosos de todo el universo. No obstante, nos queda la pregunta, ¿Cuándo sucede la revelación de los hijos de Dios? ¿Sucede la revelación de los hijos de Dios en los cielos después que los elegidos llegan a estar a un lado de Cristo Jesús en las regiones celestiales, o esta revelación sucede aquí en la tierra como preludio a la gloria que le espera a los elegidos?. El relato histórico de Moisés y su glorificación, así como el portentoso lugar que él ocupó durante la transfiguración y la revelación de Jesús nos indica que los hijos de Dios están destinados a ser glorificados antes que ellos sean recogidos de la tierra. La parte final del capítulo 34 del libro de Éxodo nos dice lo siguiente:
“Ahora bien, aconteció que cuando Moisés bajó del monte Sinaí las dos tablas del Testimonio estaban en la mano de Moisés cuando bajó de la montaña, y Moisés no sabía que la tez de su rostro emitía rayos a causa de haber hablado con él. Cuando Aarón y todos los hijos de Israel llegaron a ver a Moisés, pues, ¡mire!, la tez de su rostro emitía rayos, y les dio miedo acercarse a él. Y Moisés procedió a llamarlos. De modo que Aarón y todos los principales entre la asamblea se volvieron a él, y Moisés empezó a hablarles. Por primera vez después de eso se le acercaron todos los hijos de Israel, y él se puso a mandarles todo lo que Jehová había hablado con él en el monte Sinaí. Cuando Moisés acababa de hablar con ellos, se ponía un velo sobre el rostro. Pero cuando Moisés entraba delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía. Y salía y hablaba a los hijos de Israel lo que se le mandaba. Y los hijos de Israel veían el rostro de Moisés, que la tez del rostro de Moisés emitía rayos; y Moisés se ponía de nuevo el velo sobre el rostro hasta que entraba a hablar con él”.
Lo significativo de la transfiguración de Moisés es explicada por el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios, donde se nos dice que la gloria que ha de ser conferida a aquellos que se encuentran en el nuevo pacto supera con mucho a la gloria que Moisés mostró como mediador del viejo pacto. Pablo escribió:
“Además, si el código que administra muerte y que fue grabado con letras en piedras se efectuó con una gloria, de modo que los hijos de Israel no podían fijar la vista con intensidad en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, [gloria] que había de ser eliminada, ¿Por qué no debería ser con mucha más razón con gloria la administración del espíritu? Porque si el código que administraba condenación fue glorioso, mucho más abunda en gloria la administración de la justicia. De hecho, hasta lo que en un tiempo fue hecho glorioso ha sido despojado de gloria en este respecto, a causa de la gloria que lo supera. Porque si lo que había de ser eliminado fue introducido con gloria, mucho más sería con gloria lo que permanece. Por lo tanto, dado que tenemos tal esperanza, estamos usando gran franqueza de expresión, y no hacemos como cuando Moisés se ponía un velo sobre el rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista con intensidad en el fin de aquello que había de ser eliminado”. - 2Corintios 3:7-13-.
Sí, Pablo explicó que los Cristianos ungidos reflejan la gloria de Jehová en sus propios rostros, y que los incrédulos están pereciendo debido a que el dios de este sitema de cosas ha puesto un velo sobre la capacidad de percepción de ellos, y es ese velo lo que los ciega ante la gloriosa maravilla de las Buenas Nuevas. Obviamente, Pablo no estaba diciendo que los Cristianos ungidos emiten rayos literales a través de sus rostros; tal y como lo hizo Moisés. No, Pablo estaba hablando en términos generales. No obstante, considerando el hecho que el juicio aún no había comenzado en el Primer Siglo, y considerando que siempre ha sido el propósito de Jehová resucitar a los muertos; tanto justos como injustos, nosotros solo podemos preguntarnos por qué Pablo dijo que aquellos que estaban siendo cegados por Satanás estaban “Pereciendo”; después de todo, los apóstoles también perecieron, así como aquellos que no comprendieron que los Cristianos del Primer Siglo serían los primeros en ser resucitados.
Aparentemente las palabras de Pablo tienen su aplicación durante el juicio verdadero; es decir, durante el tiempo del fin. Es entonces cuando el juicio de Dios se ejecuta en contra de aquellos que prefieren la oscuridad del mundo de Satanás a la gloriosa iluminación de Cristo Jesús.
Jesús mismo profetizó que durante la conclusión del sistema de cosas los ángeles de manera definitiva removerían del reino de Jehová a todas aquellas personas parecidas a la mala hierba y que efectúan desafuero, y que ellos serían echados al horno ardiente de fuego causándoles la muerte. Esta remoción de personas inicuas sucede al mismo tiempo en que los hijos de Dios brillan como el sol en el reino de su Padre. - Por favor, véase el comentario La Siega-.
El que los hijos de Dios brillen como el sol en el reino de Jehová significa que para ese entonces ellos habrán sido aceptados por completo en el recién establecido reino de Dios; y no solo eso, sino que también se les habrá otorgado a ellos la mismísima gloria de Cristo Jesús; gloria que ellos reflejarán y utilizarán para guiar e iluminar a otros; a aquellos que no han permitido que el mundo de Satanás los ciegue. En una gloriosa manifestación similar a la que mostró Moisés, los ungidos serán transfigurados de tal forma que ellos también irradien la gloria de Jehová en sus propios rostros, y de esa manera los hijos de Dios serán revelados ante toda la creación como un reflejo terrenal de la gloriosa revelación del Señor Cristo Jesús.
Publicado el 10 de Enero del 2007
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